Botín de Guerra

μῆνιν ἄειδε θεὰ Πηληϊάδεω Ἀχιλῆος
οὐλομένην, ἣ μυρί’ Ἀχαιοῖς ἄλγε’ ἔθηκεν

“Canta, oh musa, la ira del Pélida Aquiles /cólera funesta que causó infinitos males a los aqueos”.

La Iliada comienza relatando como el campamento Aqueo se encuentra asolado por una peste. La razón de esta peste es el castigo que Apolo infringe a los griegos por el secuestro de Criseida, sacerdotisa del dios, y prima de Briseida, esclava de Aquiles. Ambas mujeres fueron secuestradas durante uno de los asaltos a Troya. Criseida es esclava de Agamenón, rey y jefe supremo de las fuerzas de invasión. Después de devolver a la esclava, para aplacar la ira de Apolo, Agamenón ordena a Taltibio,  amparándose en que el botín de guerra  no es divisible, que exija a Aquiles que le entregue a Briseida, valiéndose de su autoridad suprema. Aquiles, humillado por el desaire de su superior, obedece pero  ante las súplicas de Briseida, a quien confiesa amar, decide marginarse de la guerra indefinidamente.

Sí, en ese tiempo los seres humanos, hombres, mujeres y niños capturados en la guerra era botín de guerra. Y por siglos fue así.

Botines de guerra antiguos

La batalla documentada más antigua es la de Kadesh, o Qadesh, librada entre Hititas y Egipcios (liderados por Ramses II). Hay un poema, y un “boletín” de guerra que ha permitido a los historiadores conocer los detalles de la batalla. En este documento se explica cómo los Hititas utilizan mercenarios como apoyo en su batalla, estos mercenarios sólo recibirán como paga partes del botín de guerra. En los papiros de aquel tiempo se documenta cómo a los soldados egipcios se les entregaba parte de las tierras recién conquistadas, incluso el estado le entregaba rebaño y personal del cuerpo de servicios de la casa real para ayudarles a empezar a trabajar las tierras, a cambio se les exigía que reservases a uno de sus hijos varones para ingresar al ejército.

Entre los romanos el botín era parte de la paga para las legiones, y se organizaban desfiles de victoria donde se exhibían los botines de guerra, que incluían a los esclavos, y reyes enemigos capturados. Famosa es la exhibición del derrotado Vercingétorix, quien tras ser derrotado fue convertido en trofeo de guerra por parte de Julio César, al momento del désfile de la victoria en las Galias, el lider galo desfiló encadenado ante los ciudadanos romanos, para ser posteriormente estrangulado en un calabozo.

Saqueos y Botines

En mayo de 1526 el emperador Carlos V ordena a sus tropas, formadas por  españoles y alemanes, saquear Roma, es el famoso  Saco de Roma. Como no se les pagaba a las tropas desde hacía bastante tiempo se permitió el saqueo de la ciudad. “Las tropas se dedicaron a un brutal saqueo, al pillaje y a la violación de las mujeres que encontraron en su camino. Un mes después el Papa, que se había refugiado en elCastillo de Sant Angelo, se convertía en  prisionero del Emperador. Siete meses después se le concedió la libertad tras ceder algunas plazas italianas y realizar el pago de300.000 ducados para soldada del ejército.”

Un botín llamado América

Para escribir de los saqueos y botines que se extrajeron de nuestro continente necesitaríamos varios artículos más. Sólo voy a mencionar un fragmento de Historia general de las cosas de la Nueva España (contenida en el famoso Códice Florentino), al respecto del episodio conocido como La Noche Triste, el saqueo de Tenochtitlán:

«Todo lo cogieron, de todo se adueñaron, todo lo arrebataron como suyo, todo se apropiaron como si fuera su suerte. Y después que le fueron quitando a todo el oro, cuando se lo hubieron quitado, todo lo demás lo juntaron, lo acumularon en la medianía del patio, a medio patio; todo era pluma fina»..

Los botines resultados de estos saqueos son parte de la gran deuda que Europa tiene con América. Hace un tiempo circuló un falso discurso que hacía referencia a esta deuda, a pesar de lo apócrifo del discurso, su contenido es una profunda verdad.

Un botín de guerra curioso

Los museos del mundo están llenos de botines de guerra.

Quizás el botín de guerra más curioso de todos se conserva en la ciudad de Springfield, Illinois. Corresponde a la pata de Palo de Santa Anna.

Durante la batalla de Cerro Gordo, parte de la guerra entre México y Estados Unidos, conocida como la Rebelión de Texas, el General Santa Anna huyó de su campamento, dejando su pata de palo, que reemplazaba a su miembro perdido años antes en enfrentamientos con los franceses.

Los norteamericanos conservan la Pata de Palo en Springfield, hay que recordar que para ellos Santa Anna es el infame general que arrasó El Alamo, donde murió uno de sus héroes nacionales más famosos David Crockett.

Pillajes contemporáneos

Los botines de guerra son un resabio de tiempos que deberíamos tener superados. La Convención de la Haya de 1907, y la de Génova de 1949, prohiben el pillaje, y establecen una protección de la propiedad de los territorios ocupados.

Sin embargo, tenemos noticias de pillajes y pérdidas culturales en Irak.

El Huáscar

Recientemente se ha resucitado la polémica con respecto al monitor Huáscar, con la idea de que sea devuelto al Perú, como un gesto de hermandad y reconciliación. Una idea defendida por muchas personas hace tiempo.

Creo que sería un gesto grandioso, pero veo muy difícil que se llegue a cumplir, tendríamos que evolucionar mucho para que esto se cumpla. Superar la xenofobia, desde ambos lados.

«Mira papá, como mato peruanos», dice un niñito jugando con un cañón en la superficie del Huascar en Talcahuano. «Perú debe invadir Chile con fusiles y penes» dice el papá de Humala.  Les invito a leer el relato “Adios al Huáscar”

La vieja idea, del saqueo, del botín de guerra sigue en las mentes de nuestra gente, dividiéndonos, impidiéndonos avanzar.

Lapidación

Hoy estamos preocupados y angustiados por esta horrible costumbre islámica de lapidar a las mujeres adúlteras, al conocer la noticia de la condena de Shakine Mohammadí Ahstian, mujer iraní de 43 años y madre de dos hijos.Esto no es nuevo, la lapidación para las adulteras se estableció tras la revolución islámica de 1979 en Irán.

Esta fotografía es de hace unos años y recoge el momento previo a una ejecución de este tipo, la mujer es enterrada y su cabeza golpeada con piedras posteriormente por sus ejecutores.

La lapidación no aparece en el Corán, su jurisprudencia quedó establecida por el segundo califa del Islam, Umar ibn al-Jattab. Como existe esta contradicción entre la escritura y la jurisprudencia su aplicación ha sido moderada a lo largo del tiempo, su uso sólo es defendido en Arabia Saudi, Irán, Pakistán y Nigeria (y en Afganistan mientras gobernaban los talibanes).

La lapidación en la biblia

La lapidación sí aparece consagrada en la Biblia:

Deuteronomio, 13:6-10

Si te incitare tu hermano, hijo de tu madre, o tu hijo, tu hija, tu mujer o tu amigo íntimo, diciendo en secreto: Vamos y sirvamos a dioses ajenos (…) Le apedrearás hasta que muera, por cuanto procuró apartarte de Jehová tu Dios, que te sacó de tierra de Egipto, de casa de servidumbre;

Deuteronomio, 22:23-24

Si hubiere una muchacha virgen desposada con alguno, y alguno la hallare en la ciudad, y se acostare con ella; entonces los sacaréis a ambos a la puerta de la ciudad, y los apedrearéis, y morirán; la joven porque no dio voces en la ciudad, y el hombre porque humilló a la mujer de su prójimo; así quitarás el mal de en medio de ti.

Cuando Jesús de Nazaret, dice “quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra”, se refiere a la costumbre asociada a la lapidación, los acusadores debían iniciar la lapidación, si después de descubría que el condenado era inocente, los acusadores eran acusados, además de perjurio de asesinato. Así que Jesús está actuando jurídicamente (como maestro de la ley).

“San Agustín comenta así la respuesta del Señor: Mirad que respuesta tan llena de justicia, de mansedumbre y de verdad. ¡Oh verdadera contestación de la Sabiduría! Lo habéis oído: Cúmplase la Ley, que sea apedreada la adúltera. Pero ¿cómo pueden cumplir la Ley y castigar a aquella mujer unos pecadores? Mírese cada uno a sí mismo, entre en su interior y póngase en presencia del tribunal de su corazón y de su conciencia, y se verá obligado a confesarse pecador. Sufra el castigo aquella pecadora, pero no por manos de pecadores; ejecútese la Ley, pero no por sus trasgresores (San Agustín. Tratado sobre el evangelio de San Juan. 33,5).”

Hay gente que dice que debemos tomar al pie de la letra lo que la biblia dice, de hecho, nos dicen que debemos regirnos de acuerdo a las leyes escritas allí.

Adulterio

El adulterio en la biblia lo define el estado civil de la mujer. Un hombre casado que tiene coito con una mujer soltera no es un adúltero. Un hombre adultero no podía pecar de adulterio contra su propia mujer, si no contra otro hombre, al utilizar sexualmente a su mujer. Si se descubre que la novia no llega virgen al altar, será lapidada, aunque la virginidad masculina no se menciona.

El código civil chileno en el artículo 132 define el  adulterio, y  por muchos años, al igual que en la biblia, sólo cometían adulterio las mujeres. Esta definición, más la inexistencia del divorcio por muchos años generó situaciones injustas con las mujeres (por ejemplo, en una separación de hecho, el marido no pagaba la pensión alimenticia, o la reducía a cambio de no acusar a la mujer de adulterio).

En 1994 se discutió este tema, y se acordó, en vez de despenalizar el adulterio, igualar la pena a hombres y mujeres, pero con un pequeño error, la modificación de 1994 incorporaba el artículo 132 con la siguiente redacción (ley 19.335):

Cometen adulterio la mujer casada que yace con varón que no sea su marido y el varón que yace con mujer que no sea su cónyuge.

El problema que esta redacción declara adúltero a cualquier soltero que tenga relaciones con cualquier mujer. La situación se arregló en 1995, con una moción del actual presidente Piñera que pedía introducir la condición de “casado” al varón infractor, quedando el artículo 132 de esta manera:

Cometen adulterio la mujer casada que yace con varón que no sea su marido y el varón casado que yace con mujer que no sea su cónyuge.

La ley de dios

No olvidemos que los paises islámicos son teocráticos, se rigen por el Corán y las jurisprudencias que vienen de los ulemas y sus fatuas, documentos inspirados divinamente que difnen la  ley en estos paises. Saramago nos cuenta como el mufti de Arabia Saudí decretaba hace unos años la legalidad de casarse con niñas de 10 años en ese país.

En el pentateuco, y principalmente en el Deuteronomio tenemos muchas leyes que recuerdan a las fatuas musulmanas modernas. Al fin y al cabo, esots libros son compilaciones de las leyes que aplicaban los hebreos. Estos libros, con sus leyes creadas por “hombres santos”, bajo “inspiración divina”, servían para para limitar el comportamiento y restringir la libertade de las personas,  sobretodo de las mujeres, culpables de todos los males.

En Deuteronomio 18:10-12 leemos la condena a quienes practiquen la brujería, y en Exodo 22:18 la famosa cita contra las brujas: “A la hechicera no dejarás que viva.” Fue el sabio Martin Lutero quien tuvo la precaución de corregir adecuadamente este pasaje del Exodo y precisar la gramática para aclararnos que el pasaje hace mención a las magas, hechiceras o brujas, de sexo femenino, gracias por el favor, de parte de las miles de mujeres que padecieron por esta precisión.

Machismo y religión

Si machistas son los musulmanes, los cristianos no se quedan atrás. Es cierto, ya no apedrean a las mujeres (aunque nadie sabe que pasa en privado, señor), pero no entiendo como las mujeres pueden aceptar una religión tan misógina que las respeta tan poco.

Volvamos a la biblia, en jueces se consagra el hecho de que las mujeres (solteras por supuesto) pueden ser tomadas como botín de guerra:

Jueces 21: 7, 10-12

“¿Qué haremos en cuanto a las mujeres para los que han quedado? Nosotros hemos jurado por Jehová que no les daremos nuestras hijas por mujeres.

Entonces la congregación envió allá a doce mil hombres de los más valientes, y les mandaron, diciendo: Id y herid a filo de espada a los moradores de Jabes-Galaad, con las mujeres y niños. Pero haréis de esta manera: mataréis a todo varón, y a toda mujer que haya conocido ayuntamiento de varón.

Y hallaron de los moradores de Jabes-Galaad cuatrocientas doncellas que no habían conocido ayuntamiento de varón, y las trajeron al campamento en Silo, que está en la tierra de Canaán.

¿Cómo responden las mujeres cuando leen esto en misa? ¡Alabado sea el Señor! ¡Amén!

Deuteronomio 21: 11-14

“Y si vieres entre los cautivos a alguna mujer hermosa, y la codiciares, y la tomares para ti por mujer, la meterás en tu casa; y ella rapará su cabeza, y cortará sus uñas, y se quitará el vestido de su cautiverio, y se quedará en tu casa; y llorará a su padre y a su madre un mes entero; y después podrás llegarte a ella, y tú serás su marido, y ella será tu mujer.”

“Y si no te agradare, la dejarás en libertad; no la venderás por dinero, ni la tratarás como esclava, por cuanto la humillaste.”

(La esclavitud no es condenada nunca en la biblia)

No solo la mujer es un objeto, un botín, sino que es impura, e inmunda, sobretodo cuando tiene un bebe:

Levítico 12: 2: Habla a los hijos de Israel y diles: La mujer cuando conciba y dé a luz varón, será inmunda siete días; conforme a los días de su menstruación será inmunda.

Levítico 12: 5: Y si diere a luz hija, será inmunda dos semanas, conforme a su separación, y sesenta y seis días estará purificándose de su sangre.

Vuelvo a preguntar, ¿qué responde una mujer en la misa al escuchar un texto como este?

Nada, porque se cuidan de mencionarlos. Pero la biblia está allí, y camuflada tiene estos textos, que se consideran sagrados e inspirados por dios, por lo que nadie se atreve a tacharlos, o sacarlos de allí, y son leidos por curas, seminaristas y fanáticos religiosos, que de repente sacan estos textos y los usan para lavar el cerebro de alguna jovencita desprevenida.

Sino no se entiende porque tantas mujeres pierden su estima obedeciendo ciegamente a su marido:

“Porque la mujer casada está sujeta por la ley al marido mientras éste vive: pero si el marido muere, ella queda libre de la ley del marido.” Romanos 7:2

“Pero quiero que sepáis que Cristo es cabeza de todo varón, y el varón es cabeza de la mujer… Porque el varón no debe cubrirse la cabeza, porque él es imagen y gloria de Dios; pero la mujer es gloria del varón. Porque el varón no procede de la mujer, sino la mujer del varón, y tampoco el varón fue creado por causa de la mujer, sino la mujer por causa del varón.” 1 Coritntios 11: 3,7,8 y 9

Y si alguna mujer se atreviera a cuestionar estas escrituras:

“Vuestras mujeres callen en las congregaciones; porque no les es permitido hablar, sino que estén sujetas, como también la ley lo dice.

Y si quieren aprender algo, pregunten en casa a sus maridos; porque es indecoroso que una mujer hable en la congregación.” 1 Corintios 14: 34 y 35

Es cierto, los cristianos no lapidan, pero alguna vez lo hicieron, y quemaron a la mujer, y la consideraron inmunda por tener un bebé.

Estoy seguro que no lapidan con piedras, pero con su desprecio las dañan tanto como estos musulmanes locos. El machismo es un problema, pero el machismo apoyado por la religión es peor, y también debe ser condenado.

Referencias:

Quieres saber más sobre machismo y el cristianismo, te recomiendo este enlace.

Sobre lapidaciones y un interesante recuento sobre recomendaciones sexuales en la biblia que ya nadie respeta, te sugiero leer este comentario.

Tres

Tres tristes tigres…

Triple es la manifestación de la Diosa, como Doncella (Coré), como Madre o Mujer adulta (Demeter) y como Anciana o Bruja (Hécate). Como la luna, Creciente, Llena, Menguante.

Tres son las Moiras (o Parcas), que decidían el destino de los hombres, Cloto la que hilaba el hilo de la vida, Láquesis que lo medía, y la más terrible, Átropos que lo cortaba.

Tres las Gorgonas, Medusa, Esteno y Euríale. Tres las Grayas, las ninfas del Estigia, que compartían un único ojo y que fueron engañadas por Perseo para obtener el yelmo de Hades y los objetos mágicos necesarios para lograr su hazaña.

Triple era la división del calendario de los antiguos,  en 3 estaciones, no en cuatro como nosotros. 360 días, en 12 meses, de 30 días, y 4 días de renovación. Múltiplos de 3, como las 24 horas.

Triple es el dios de los cristianos, Padre, Hijo y Espíritu Santo, representado por un triángulo equilatero apuntando hacia arriba.

Triples son las historias de los hermanos, el mayor, el del medio y el menor (que siempre es el héroe). Como los tres chanchitos (o los tres cerditos), o la fábula de tres hermanos de Silvio.

Triples los chistes, de primer acto, segundo acto, tercer acto, y los chistes de 3 personajes, normalmente de paises vecinos (un argentino, un peruano  y un chileno…), o de tres potencias (el presidente de estados unidos, el de rusia y por supuesto el de chile van en un avión…).

Tres son las oportunidades, tres son los deseos que otorga el genio de la botella.

¡La tercera es la vencida!

Tres partes debe tener un drama dice Aristóteles, principio, medio y fin. Tres actos, según el paradigma de Syd Field para los guiones: planteamiento, confrontación, desenlace.

“Te amo”,  te amo, te amo”, repite tres veces el Señor Darcy a Lizzy, en la versión filmica de Orgullo y Prejuicio, favorita de mi esposa. Y las tres mujeres de mi casa suspiran por igual al ver esa escena. Yo prefiero cuando Leonidas usa la triple fórmula en 300: “My Queen, My Wife, My Love” (mi reina, mi esposa, mi amor).

Tres, siempre tres. Algo hay cableado en nuestro cerebro que reclama esta estructura triple, esta triple repetición, el triple suspiro. Tres.

Allí está el misterio. Quizás algún lector amable se anime a explicarme por qué pasa esto.

El Factor Dios

por José Saramago

En algún lugar de la India. Una fila de piezas de artillería en posición. Atado a la boca de cada una de ellas hay un hombre. En primer plano de la fotografía, un oficial británico levanta la espada y va a dar orden de disparar. No disponemos de imágenes del efecto de los disparos, pero hasta la más obtusa de las imaginaciones podrá ‘ver’ cabezas y troncos dispersos por el campo de tiro, restos sanguinolentos, vísceras, miembros amputados. Los hombres eran rebeldes.

En algún lugar de Angola. Dos soldados portugueses levantan por los brazos a un negro que quizá no esté muerto, otro soldado empuña un machete y se prepara para separar la cabeza del cuerpo. Esta es la primera fotografía. En la segunda, esta vez hay una segunda fotografía, la cabeza ya ha sido cortada, está clavada en un palo, y los soldados se ríen. El negro era un guerrillero.

En algún lugar de Israel. Mientras algunos soldados israelíes inmovilizan a un palestino, otro militar le parte a martillazos los huesos de la mano derecha. El palestino había tirado piedras.

Estados Unidos de América del Norte, ciudad de Nueva York. Dos aviones comerciales norteamericanos, secuestrados por terroristas relacionados con el integrismo islámico, se lanzan contra las torres del World Trade Center y las derriban. Por el mismo procedimiento un tercer avión causa daños enormes en el edificio del Pentágono, sede del poder bélico de Estados Unidos. Los muertos, enterrados entre los escombros, reducidos a migajas, volatilizados, se cuentan por millares.

Las fotografías de India, de Angola y de Israel nos lanzan el horror a la cara, las víctimas se nos muestran en el mismo momento de la tortura, de la agónica expectativa, de la muerte abyecta. En Nueva York, todo pareció irreal al principio, un episodio repetido y sin novedad de una catástrofe cinematográfica más, realmente arrebatadora por el grado de ilusión conseguido por el técnico de efectos especiales, pero limpio de estertores, de chorros de sangre, de carnes aplastadas, de huesos triturados, de mierda. El horror, escondido como un animal inmundo, esperó a que saliésemos de la estupefacción para saltarnos a la garganta. El horror dijo por primera vez ‘aquí estoy’ cuando aquellas personas se lanzaron al vacío como si acabasen de escoger una muerte que fuese suya. Ahora, el horror aparecerá a cada instante al remover una piedra, un trozo de pared, una chapa de aluminio retorcida, y será una cabeza irreconocible, un brazo, una pierna, un abdomen deshecho, un tórax aplastado.

Pero hasta esto mismo es repetitivo y monótono, en cierto modo ya conocido por las imágenes que nos llegaron de aquella Ruanda- de-un-millón-de-muertos, de aquel Vietnam cocido a napalm, de aquellas ejecuciones en estadios llenos de gente, de aquellos linchamientos y apaleamientos, de aquellos soldados iraquíes sepultados vivos bajo toneladas de arena, de aquellas bombas atómicas que arrasaron y calcinaron Hiroshima y Nagasaki, de aquellos crematorios nazis vomitando cenizas, de aquellos camiones para retirar cadáveres como si se tratase de basura.

Siempre tendremos que morir de algo, pero ya se ha perdido la cuenta de los seres humanos muertos de las peores maneras que los humanos han sido capaces de inventar. Una de ellas, la más criminal, la más absurda, la que más ofende a la simple razón, es aquella que, desde el principio de los tiempos y de las civilizaciones, manda matar en nombre de Dios.

Ya se ha dicho que las religiones, todas ellas, sin excepción, nunca han servido para aproximar y congraciar a los hombres; que, por el contrario, han sido y siguen siendo causa de sufrimientos inenarrables, de matanzas, de monstruosas violencias físicas y espirituales que constituyen uno de los más tenebrosos capítulos de la miserable historia humana. Al menos en señal de respeto por la vida, deberíamos tener el valor de proclamar en todas las circunstancias esta verdad evidente y demostrable, pero la mayoría de los creyentes de cualquier religión no sólo fingen ignorarlo, sino que se yerguen iracundos e intolerantes contra aquellos para quienes Dios no es más que un nombre, nada más que un nombre, el nombre que, por miedo a morir, le pusimos un día y que vendría a dificultar nuestro paso a una humanización real. A cambio nos prometía paraísos y nos amenazaba con infiernos, tan falsos los unos como los otros, insultos descarados a una inteligencia y a un sentido común que tanto trabajo nos costó conseguir.

Dice Nietzsche que todo estaría permitido si Dios no existiese, y yo respondo que precisamente por causa y en nombre de Dios es por lo que se ha permitido y justificado todo, principalmente lo peor, principalmente lo más horrendo y cruel. Durante siglos, la Inquisición fue, también, como hoy los talibán, una organización terrorista dedicada a interpretar perversamente  textos sagrados que deberían merecer el respeto de quien en ellos decía creer, un monstruoso connubio pactado entre la Religión y el Estado contra la libertad de conciencia y contra el más humano de los derechos: el derecho a decir no, el derecho a la herejía, el derecho a escoger otra cosa, que sólo eso es lo que la palabra herejía significa.

Y, con todo, Dios es inocente. Inocente como algo que no existe, que no ha existido ni existirá nunca, inocente de haber creado un universo entero para colocar en él seres capaces de cometer los mayores crímenes para luego justificarlos diciendo que son celebraciones de su poder y de su gloria, mientras los muertos se van acumulando, estos de las torres gemelas de Nueva York, y todos los demás que, en nombre de un Dios convertido en asesino por la voluntad y por la acción de los hombres, han cubierto e insisten en cubrir de terror y sangre las páginas de la Historia.

Los dioses, pienso yo, sólo existen en el cerebro humano, prosperan o se deterioran dentro del mismo universo que los ha inventado, pero el `factor Dios´, ese, está presente en la vida como si efectivamente fuese dueño y señor de ella. No es un dios, sino el `factor Dios´ el que se exhibe en los billetes de dólar y se muestra en los carteles que piden para América (la de Estados Unidos, no la otra…) la bendición divina. Y fue en el `factor Dios´ en lo que se transformó el dios islámico que lanzó contra las torres del World Trade Center los aviones de la revuelta contra los desprecios y de la venganza contra las humillaciones.

Se dirá que un dios se dedicó a sembrar vientos y que otro dios responde ahora con tempestades. Es posible, y quizá sea cierto. Pero no han sido ellos, pobres dioses sin culpa, ha sido el `factor Dios´, ese que es terriblemente igual en todos los seres humanos donde quiera que estén y sea cual sea la religión que profesen, ese que ha intoxicado el pensamiento y abierto las puertas a las intolerancias más sórdidas, ese que no respeta sino aquello en lo que manda creer, el que después de presumir de haber hecho de la bestia un hombre acabó por hacer del hombre una bestia.

José Saramago, premio Nobel de literatura, de nacionalidad portuguesa, falleció el 18 de junio de 2010.

Nudos, espadas y huevos

Alejandro corta el nudo

La leyenda cuenta que Alejandro Magno al conquistar Frigia enfrentó el desafío del nudo gordiano. Gordias era un campesino quien, por designio de un oráculo se convirtió en rey de los frigios. Gordias tenía un carro tirado por una yunta de bueyes, y se cuenta que el amarraba el yugo a su carro con un complicadisimo nudo. El carro fue consagrado por Midas, el hijo de Gordias a Zeus, y se encontraba aún en el palacio de los reyes frigios en el año 333 a.C. cuando Alejandro llega a Frigia.

Se decía que aquel capaz de desatar el nudo sería el conquistador de Oriente. Muchos lo habían intentado, pero el nudo era bastante intrincado. Alejandro después de mirarlo y analizarlo tomó su espada y lo cortó. Aquella noche se desató una tormenta de truenos y relámpagos, y los sacerdotes la interpretaron como una aprobación de que la solución de Alejandro era legítima ante los dioses.

Por cierto, Alejandro conquistó Oriente, extendiendo su imperio hasta la India.

La expresión “nudo gordiano” representa en nuestra cultura, aquello que es tan complicado o difícil de resolver, algo cuyo desenlace no podemos  visualizar, hasta que viene alguien y ofrece una solución totalmente inesperada, incluso saltándose las reglas.

Es fácil complicarse, y no ver la solución, pero muchas veces es necesario salirse de las reglas del juego, y hacer como Alejandro, buscar una solución distinta, original y radical.

Encontramos estas soluciones admirables, pero que dificil es ser decidido como Alejandro Magno, u original, como muchos pensadores de la historia.

Esto me recuerda otra historia famosa, la del huevo de Colón.

Según la RAE, el “huevo de Colón” es una “Cosa que aparenta tener mucha dificultad pero resulta ser fácil al conocer su artificio”.

La historia fue contada por Girolamo Benzoni en su Historia del Nuevo Mundo:

Estando Cristóbal Colón a la mesa con muchos nobles españoles, uno de ellos le dijo: ‘Sr. Colón, incluso si vuestra merced no hubiera encontrado las Indias, no nos habría faltado una persona que hubiese emprendido una aventura similar a la suya, aquí, en España que es tierra pródiga en grandes hombres muy entendidos en cosmografía y literatura’. Colón no respondió a estas palabras pero, habiendo solicitado que le trajeran un huevo, lo colocó sobre la mesa y dijo: ‘Señores, apuesto con cualquiera de ustedes a que no serán capaces de poner este huevo de pie como yo lo haré, desnudo y sin ayuda ninguna’. Todos lo intentaron sin éxito y cuando el huevo volvió a Colón éste al golpearlo contra la mesa, colocandolo sutilmente lo dejó de pie. Todos los presentes quedaron confundidos y entendieron lo que quería decirles: que después de hecha y vista la hazaña, cualquiera sabe cómo hacerla.

Que fácil es opinar sobre lo sencillo que es resolver un problema, una vez que hemos visto la solución. Hay una variación de la historia del huevo de Colón relacionada, de acuerdo a Wikipedia una historia similar la recoge Giogio Vasari  en su obra Vidas de pintores, escultores y arquitectos,

El joven arquitecto italiano Filippo Brunelleschi había diseñado una cúpula extremadamente grande y pesada para la catedral de Santa María del Fiore y los gobernantes de la ciudad pidieron que se les enseñara el modelo pero él se negó proponiendo en su lugar que quien lograra poner un huevo de pie sobre una mesa de mármol construyera la cúpula porque de esa manera se descubriría el talento de cada cual. Todos los maestros lo intentaron pero ninguno lo consiguió y cuando le llegó el turno a Filippo lo colocó suavemente en el mármol por la parte mas aplanada, y consiguió dejarlo en pie. Los demás protestaron diciendo que ellos podían haber hecho lo mismo y Filippo contestó riendo que también habrían podido construir la cúpula si hubieran visto el modelo o el diseño.

Estas son historias míticas, probablemente la famosa anécdota del huevo de Colón nunca ocurrió, pero eso no impide que los habitantes de Ibiza celebren la anécdota con esta escultura:

Para los habitantes de Ibiza a Colón se le ocurrió la idea de navegar hacia occidente en sus playas.

Lo importante de estos mitos es la enseñanza que nos dejan, muchas veces para salir de un problema, para desatar  esos nudos que parecen tan complicados lo que necesitamos es tener el coraje, la decisión para cortar y tomar una decisión apropiada. Si me permiten una expresión castiza, frente al nudo no basta la espada, también se requieren huevos.

Matemáticas y Filosofía

Leibniz.jpg

Sans les mathématiques on ne pénètre point au fond de la philosophie.
Sans la philosophie on ne pénètre point au fond des mathématiques.
Sans les deux on ne pénètre au fond de rien.
– Leibniz

(Sin las matemáticas no podemos penetrar en profundidad en la filosofía. Sin la filosofía no podemos penetrar en profundidad en las matemáticas. Sin ambas no podemos penetrar profundamente en nada.)

Los nueve mil millones de nombres de dios

Esta vez voy a compartir uno de mis relatos favoritos de Arthur Clarke. Si bien es cierto, los monjes tibetanos tienen una actitud muy abierta con la ciencia, y ya no son como probablemente los conoció o se los imaginó Clarke en este relato. Sin embargo, creo que como relato de ciencia ficción no pierde su fuerza, a pesar de los años.

Las imágenes que acompañan el relato fueron tomadas del sitio Science For Monks (Ciencia para Monjes) una iniciativa para enseñar ciencias a los monjes tibetanos, los que a su vez comparten estas enseñanzas con su comunidad, una empresa tan profunda como buscar..

LOS NUEVE MIL MILLONES DE NOMBRES DE DIOS

por Arthur C. Clarke

El doctor Wagner se contuvo haciendo un esfuer­zo. La cosa tenía mérito. Después dijo:

—Su pedido es un poco desconcertante. Que yo sepa, es la primera vez que un monasterio tibetano encar­ga una máquina de calcular electrónica. No quisiera pa­recer curioso, pero estaba lejos de pensar que un estable­cimiento de esta naturaleza tuviese necesidad de aquella máquina. ¿Puedo preguntarle qué piensa hacer con ella? El lama se ajustó los faldones de su túnica de seda y dejó sobre la mesa la regla de cálculo con la que acaba­ba de hacer la conversión de libras en dólares.

—Con mucho gusto. Su calculadora electrónica tipo cinco puede hacer, si su catálogo no miente, todas las operaciones matemáticas hasta diez decimales. Sin em­bargo, me interesan letras y no números. Tendría que pe­dirles que modificasen el circuito de salida, de modo que imprimiese letras en vez de columnas de cifras.

—No acabo de comprender…

—Desde la fundación de nuestro monasterio, hace más de tres siglos, nos hemos venido consagrando a cierta labor. Es un trabajo que acaso le parezca extraño, y por ello le pido que me escuche con espíritu abierto.

—De acuerdo.

—Es sencillo. Estamos redactando la lista de todos los nombres posibles de Dios.

—¿Cómo?

El lama prosiguió, imperturbable:

—Tenemos excelentes razones para creer que to­dos estos nombres requieren, como máximo, nueve le­tras de nuestro alfabeto.

—¿Y han estado haciendo esto durante tres siglos?

—Sí. Y hemos calculado que necesitaríamos quince mil años para completar nuestra tarea.

El doctor lanzó un silbido ahogado, como si estu­viera un poco aturdido.

—O.K. Ahora comprendo por qué quiere usted al­quilar una de nuestras máquinas. Pero, ¿cuál es el obje­to de la operación?

El lama vaciló una fracción de segundo, y Wagner temió haber molestado a aquel singular cliente que aca­baba de hacer el viaje de Lhassa a Nueva York con una regla de calcular y el catálogo de la Compañía de Cal­culadoras Electrónicas en el bolsillo de su túnica de co­lor azafrán.

—Puede llamarlo ritual si así lo quiere —respondió el lama—, pero tiene una gran importancia en nuestra fe. Los nombres del Ser Supremo, Dios, Júpiter, Jehová, Alá, etc., no son más que rótulos escritos por los hombres. Consideraciones filosóficas demasiado com­plejas para que se las exponga ahora nos han dado la certidumbre de que, entre todas las permutaciones y combinaciones posibles de letras, se encuentran los verdaderos nombres de Dios. Pues bien, nuestro objeto consiste en encontrarlos y escribirlos todos.

—Ya comprendo. Han empezado ustedes con A.A.A.A.A.A.A.A.A. y terminarán con Z.Z.Z.Z.Z.Z.

z.z.z.

—Con la diferencia de que utilizamos nuestro alfa­beto. Desde luego, supongo que les será fácil modificar la máquina de escribir electrónica adaptándola a nues­tro alfabeto. Pero hay otro problema más interesante, la disposición de circuitos especiales que eliminen las combinaciones inútiles. Por ejemplo, ninguna de las

letras debe aparecer más de tres veces sucesivamente.

—¿Tres? Querrá decir dos.

—No. Tres. Pero la explicación detallada requeriría demasiado tiempo, aunque comprendiera usted nuestra lengua.

Wagner dijo, precipitadamente:

—Claro, claro. Prosiga.

—Le será fácil adaptar su calculadora automática para lograr este punto. Convenientemente dispuesta, una máquina de este tipo puede permutar las letras unas tras otras e imprimir el resultado. De esta manera —concluyó el lama tranquilamente—, lograremos en cien días lo que nos habría costado quince mil años más.

El doctor Wagner creyó perder el sentido de la rea­lidad. Las luces y los ruidos de Nueva York parecían esfumarse al llegar a las ventanas del building. Allá, a lo lejos, en su remoto asilo montañoso, los monjes tibetanos componían desde hacía trescientos años, genera­ción tras generación, su lista de nombres desprovistos de sentido… ¿Acaso la locura de los hombres no tenía un límite? Pero el doctor Wagner no debía manifestar sus pensamientos. El cliente tiene siempre razón… Respondió:

—No cabe duda de que podemos modificar la má­quina tipo cinco de manera que imprima las listas como usted desea. Me preocupa más la instalación y el mane­jo. Además no será fácil transportarla al Tíbet.

—Esto puede arreglarse. Las piezas sueltas son lo bastante pequeñas para que puedan transportarse en avión. Por esto hemos escogido la máquina de ustedes. Envíen las piezas a la India, y nosotros nos encargare­mos de lo demás.

—¿Desean los servicios de dos de nuestros inge­nieros?

—Sí, para montar la máquina y vigilarla los cien días.

—Enviaré una nota a la dirección de personal —dijo Wagner, escribiendo en un bloc—. Pero aún hay dos cuestiones más que resolver…

Antes de que pudiese terminar la frase, el lama ha­bía sacado del bolsillo una hojita de papel.

—Aquí tiene el estado, certificado, de mi cuenta en el Banco Asiático.

—Muchas gracias. Perfectamente… Pero, si me per­mite, hay otra cuestión, tan elemental que casi no me atrevo a mencionarla. A menudo ocurre que se olvidan las cosas más evidentes… ¿Disponen de energía eléctrica?

—Tenemos un generador Diesel eléctrico de cin­cuenta kilovatios y ciento diez voltios. Fue instalado hace cinco años y funciona bien. Nos facilita la vida en el monasterio. Lo compramos principalmente para ha­cer girar los molinos de oración.

—Ah, ya. Naturalmente. Hubiese debido pen­sarlo…

La vista, desde el parapeto, producía vértigo. Pero uno se acostumbra a todo.

Tres meses habían transcurrido, y a Georges Hanley no le impresionaban ya los seiscientos metros de caída vertical que separaban el monasterio de los cam­pos cuadriculados del llano. Apoyado en las piedras re­dondeadas por el viento, el ingeniero contemplaba con ojos cansinos las montañas lejanas cuyos nombres ig­noraba. «La operación nombre de Dios», según la ha­bía bautizado un humorista de la Compañía, era sin duda el trabajo más desconcertante en que jamás hu­biera participado.

Semana tras semana, la máquina tipo cinco modifi­cada había llenado miles y miles de hojas con sus ins­cripciones absurdas. Paciente e inexorable, la máquina calculadora había agrupado las letras del alfabeto tibetano en todas las combinaciones posibles, agotando una serie tras otra. Los monjes recortaban ciertas pala­bras al salir de la máquina de escribir eléctrica y las pe­gaban devotamente en unos enormes registros. Dentro de una semana, su trabajo habría terminado.

Hanley ignoraba qué cálculos oscuros los habían llevado a la conclusión de que no hacía falta estudiar conjuntos de diez, de veinte, de cien o mil letras, y no tenía ningún empeño en saberlo. En sus pesadillas so­ñaba algunas veces que el gran lama decidía brusca­mente complicar un poco más la operación y que había que proseguir el trabajo hasta el año 2060. El hombre parecía muy capaz de una cosa así.

Crujió la pesada puerta de madera. Chuk se reunió con él en la terraza. Chuk estaba fumando un cigarro, como de costumbre. Se había hecho popular entre los la­mas repartiéndoles habanos. «Aquellos individuos po­dían estar completamente desquiciados —pensó Han­ley—, pero no tenían nada de puritanos.» Las frecuentes excursiones al pueblo no habían carecido de interés.

—Escucha, Georges —dijo Chuk—, estoy preocu­pado.

—¿Se ha estropeado la máquina?

—No.

Chuk se sentó en el parapeto. Fue algo sorprenden­te, pues, de ordinario, temía el vértigo.

—Acabo de descubrir el objeto de la operación.

—¡Pero si ya lo sabíamos!

—Sabíamos lo que querían hacer los monjes, pero ignorábamos el porqué.

—¡Bah! Están chalados…

—Escucha, Georges, el anciano acaba de explicár­melo. Piensan que cuando se hayan escrito todos estos nombres (que, según ellos, son unos nueve mil millo­nes), se habrá alcanzado el divino designio. La raza humana habrá cumplido la misión para la que fue creada.

—Y después, ¿qué? ¿Esperan, acaso, que nos suici­demos?

—Sería inútil. Cuando la lista esté terminada, inter­vendrá Dios, y todo habrá acabado.

—¿Se acabará el mundo?

Chuk lanzó una risita nerviosa.

—Esto es lo mismo que le he dicho al anciano. En­tonces él me ha mirado de un modo extraño, como el maestro a un discípulo particularmente lerdo, y me ha dicho: «¡Oh, no será una cosa tan insignificante!»

Georges reflexionó un momento.

—Es un tipo que, por lo visto, tiene grandes ideas —dijo—, pero no veo que cambie nada la situación. Ya habíamos convenido en que están locos.

—Sí. Pero, ¿no te das cuenta de lo que puede ocu­rrir? Si, terminadas las listas, no suenan las trompetas del ángel Gabriel, en su versión tibetana, pueden pen­sar que es por culpa nuestra. A fin de cuentas, utilizan nuestra máquina. No me gusta esto…

—Comprendo… —dijo Georges, muy despacio—, pero ya he visto otros casos parecidos. Cuando yo era pequeñín, hubo en Luisiana un predicador que anunció el fin del mundo para el domingo siguiente. Centenares de personas lo creyeron. Incluso algunas se vendieron sus casas. Pero nadie se encolerizó cuando pasó el do­mingo. La mayoría pensó que había sido sólo un pe­queño error de cálculo, y muchos de ellos siguen cre­yendo igual.

—Para el caso de que no lo hayas notado, debo ad­vertirte que no estamos en Luisiana. Estamos solos, los dos, entre centenares de monjes. Son muy simpáticos, pero preferiría hallarme lejos cuando el viejo lama se dé cuenta del fracaso de la operación.

—Hay una solución: un pequeño sabotaje inofensi­vo. El avión llega dentro de una semana, y la máquina acabará su trabajo en cuatro días, a razón de veinticuatro horas por día. Sólo tenemos que hacer una repara­ción que dure tres o cuatro días. Si calculamos bien el tiempo, podemos hallarnos en el aeropuerto cuando salga de la máquina la última palabra.

Siete días más tarde, cuando sus caballitos monta­ñeros descendían la carretera en espiral, Hanley dijo:

—Siento un poco de remordimiento. No huyo por­que tenga miedo, sino porque me dan pena. No quisiera ver la cara que pondrá esta buena gente cuando se deten­ga la máquina.

—Si no me equivoco —dijo Chuk—, han adivina­do perfectamente que huíamos, y les ha tenido sin cui­dado. Ahora saben que la máquina es absolutamente automática y que huelga toda vigilancia. Y también creen que no habrá un después.

Georges se volvió en la silla y se quedó dormido. La mole del monasterio recortaba su parda silueta so­bre el sol poniente. Unas lucecitas brillaban de vez en cuando bajo la masa sombría de las murallas, como los tragaluces de un navio en ruta. Eran lámparas eléctricas suspendidas en el circuito de la máquina número cinco.

«¿Qué sucedería con la calculadora eléctrica? —se preguntó Georges—. ¿ La destruirían los monjes, a im­pulsos del furor y el desengaño? ¿O volverían a comen­zar de nuevo?»

Como si todavía estuviesen allí, veía todo lo que pasaba en aquel momento en la montaña, detrás de las murallas. El gran lama y sus auxiliares examinaban las hojas, mientras los novicios recortaban nombres ex­travagantes y los pegaban en el enorme cuaderno. Y todo esto se realizaba en medio de un religioso silencio. No se oía más que el tableteo de la máquina, golpeando el papel como una lluvia mansa. La propia máquina cal­culadora, que combinaba millares de letras por segun­do, era absolutamente silenciosa…

La voz de Chuk interrumpió sus sueños.

—¡Míralo! ¡He ahí una visión agradable! Semejante a una minúscula cruz de plata, el viejo avión de transporte D.C. 3 acababa de posarse allá aba­jo, en el pequeño aeródromo improvisado. Esta visión daba ganas de beber un buen trago de whisky helado. Chuk empezó a cantar, pero se interrumpió de pronto. Las montañas parecían restarle ánimos.

Georges consultó su reloj.

—Estaremos en el llano dentro de una hora —dijo. Y añadió—: ¿Crees que habrá terminado el cálculo?

Chuk no respondió, y Georges levantó la cabeza. Vio que el rostro de Chuk estaba muy pálido, vuelto hacia el cielo.

—Mira —murmuró Chuk.

Georges, a su vez, levantó los ojos.

Por última vez, encima de ellos, en la paz de las al­turas, las estrellas se apagaban una a una…

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Ítaca

Ítaca

Konstantínos Kaváfis

Cuando emprendas tu viaje hacia Ítaca

debes rogar que el viaje sea largo,

lleno de peripecias, lleno de experiencias.

No has de temer ni a los lestrigones ni a los cíclopes,

ni la cólera del airado Poseidón.

Nunca tales monstruos hallarás en tu ruta

si tu pensamiento es elevado, si una exquisita

emoción penetra en tu alma y en tu cuerpo.

Los lestrigones y los cíclopes

y el feroz Poseidón no podrán encontrarte

si tú no los llevas ya dentro, en tu alma,

si tu alma no los conjura ante ti.

Debes rogar que el viaje sea largo,

que sean muchos los días de verano;

que te vean arribar con gozo, alegremente,

a puertos que tú antes ignorabas.

Que puedas detenerte en los mercados de Fenicia,

y comprar unas bellas mercancías:

madreperlas, coral, ébano, y ámbar,

y perfumes placenteros de mil clases.

Acude a muchas ciudades del Egipto

para aprender, y aprender de quienes saben.

Conserva siempre en tu alma la idea de Ítaca:

llegar allí, he aquí tu destino.

Mas no hagas con prisas tu camino;

mejor será que dure muchos años,

y que llegues, ya viejo, a la pequeña isla,

rico de cuanto habrás ganado en el camino.

No has de esperar que Ítaca te enriquezca:

Ítaca te ha concedido ya un hermoso viaje.

Sin ellas, jamás habrías partido;

mas no tiene otra cosa que ofrecerte.

Y si la encuentras pobre, Ítaca no te ha engañado.

Y siendo ya tan viejo, con tanta experiencia,

sin duda sabrás ya qué significan las Ítacas.




Kilroy estuvo aquí

Durante la segunda guerra mundial en las paredes de Europa un misterioso grafitti empezó a aparecer. Se trataba de la caricatura de un fisgón (conocido como Chad) con la leyenda “Kilroy was here” (Kilroy estuvo aquí). Por donde anduvieran las tropas norteamericanas el grafitti aparecía. ¿Cual era el origen de este extraño dibujo?

La historia más aceptada es la siguiente: James J. Kilroy era un inspector en los diques de la Bethlehem Steel Company, en Foreriver, Boston. Kilroy era el encargado de inspeccionar el trabajo en los buques de guerra. Para dejar constancia de que había realizado su labor de inspección, dibujaba con tiza las palabras “Kilroy was here”, y después agregó el fisgón para evitar que los trabajadores borraran sus marcas.

Con las presiones de la guerra los barcos empezaron a ser despachados sin pintar, y la misteriosa anotación era vista por los soldados, los que empezaron a imitarla. Kilroy parecía estar en todos lados, en el fondo de una barcaza de desembarco, en las paredes de un crucero. Al empezar el desembarco en en el norte de Africa, los soldados empezaron a difundir el grafitti. Cuenta la leyenda que el mismo Hitler se obsesionó con el dibujo, y pensó que se trataba de un audaz espía, al punto que los oficiales de la SS pensaban que el graffitti era una clave de sus operaciones, le pusieron un precio a la cabeza de Kilroy, al enterarse los soldados de esto aumentó la presencia del dibujo por toda Europa, convirténdose en una broma muy popular contra los nazis.

La figura alcanzó su popularidad en los 50, y se difundió por todas partes del mundo, incluso en Chile los escolares tiene la costumbre de dibujar “al sapo” en las pizarras.

Kilroy en el paleolítico

Los graffittis son tan antiguos como la humanidad, quizás el “Kilroy was here” más antiguo del mundo se encuentra en el arte rupestre.

Una mano que expresa identidad, la necesidad de decir “yo estuve aquí”.

En la famosa cueva de Altamira, junto con las imágenes de bisontes, caballos y figuras humanas (primeras muestras del arte mural), siempre se encuentran las manos estampadas, de los habitantes de esas cuevas, humanos iguales que nosotros, con la misma necesidad de identificarse y dejar un rastro de su presencia en este mundo.

“Suspirium puellarum Celadus thraex”

Los romanos son famosos por sus graffittis, de los que tenemos evidencia gracias a las ruinas de Pompeya. En las murallas de la ciudad arrasada por el volcán Vesubio se encuentran los grabados en las paredes.

“Suspirium puellarum Celadus thraex”  (“Celadus el Tracio hace suspirar a las chicas”) reza una famosa inscripción, haciendo referencia a un gladiador de evidente atractivo entre las jóvenes.

Las caricaturas de políticos también se dibujaban en los muros de Pompeya. ¿Acaso será este un antepasado de Chad visto de perfil?

Graffittis de todo tipo:

Los politicos: “Sus vecinos piden que se vote a Tiberio Claudio vero como duumvir”, ”Vesonio Primo solicita la elección de Gneo Helvio como Edil, un hombre digno del ejercicio público”, “Los seguidores de Isis como grupo piden la elección de Gneo Helvio Sabino como edil”.

Los que atestiguan el paso por la ciudad: “Apollinaris, médico del Emperador Tito, fue bien de vientre aquí”, “Pacato ha dormido acá en Pompeya”

“Pacatus / hic cum suis / mansit Pompeis”, Pacato ha dormido acá en Pompeya”

Por supuesto que hay muchos graffittis eróticos y obscenos: «Harpocras folló aquí estupendamente con Drauca por un denario.»«Cosmo, hijo de Equicia, gran invertido y mamón, es un pierniabierto», «Isidoro puteolano, esclavo nacido en casa, cunnilinguamente.»

Y están los de índole amoroso: «Secundus/Prime suae ubi/que isse salute/rogo domina/ut me ames» (Secundus, a au Prima, las saluda y le ruga a su señora que lo ame”)

«¡Salud al que ame; muerte al que no sepa amar!»,«tan pronto como Venus une a los enamorados el día los separa.»«Todo enamorado es un soldado»«Los que se aman llevan, como las abejas, una vida melosa.»«Los enamorados carecen de penas.».

Más de 20.000 graffittis se han encontrado en Pompeya, y uno de los más bellos dice:

«Nosotros habitamos aquí: que los dioses nos hagan felices.»

Sí, ellos también estuvieron aquí…

El genio de Harryhausen

En Monster Inc.Mike Wazowski y su novia Celia visitan un restaurant llamado “Harryhausen’s”, es el homenaje que en Pixar le hacen al gran Ray Harryhausen, el gran animador y creador de efectos especiales.

No recuerdo cuando fue que ví Jasón y los Argonautas de Ray Harryhausen, una película de 1963, puede que haya sido en las tardes de cine, que daban en televisión, o puede que en el cine. Si sé que ví “Furia de Titanes” en 1981 ó 1982 en el cine.

“Jasón y los Argonautas” es su obra maestra, y “Furia de Titanes” fue su última gran producción para el cine.

Esa versión de 1981, en que el era el productor, es muy superior a la actual versión que se ha estrenado en el cine, pese al uso de computadores y toda la tecnología 3D.

Ninguna de las versiones se aproxima al mito original de Perseo, pero la versión de Harryhausen me genera mayor credibilidad, y la recuerdo con más afecto. Incluso la volví a ver hace un par de meses, y sigo considerando que es muy superior a la versión 2010.

Harryhausen no inventó el stop-motion, que es la técnica que lo hizo famoso. El gran pionero de la técnica fue Willis O’Brien que deslumbró con los efectos de El Mundo Perdido y King Kong en la década de 1920.

Una técnica que es un verdadero arte, de mucha paciencia, trabajo en equipo, atención a los detalles y mucho amor por lo que se hace.

Harryhausen sigue vivo, quizás que piensa de la nueva versión de su ahora clásico Clash of the Titans, puede que su versión de la historia no sea la correcta, pero su forma de contarla era mucho mejor.